El origen, Piérre Perignon

Cuenta la historia, que allá por el año 1638 cuando todavía no existía el glamour, ni los brindis, ni se sabía lo que significaba la palabra fermentación, nació Pierre Pérignon, un abad francés que, sin saberlo, modeló el método más copiado en la fabricación de vinos espumosos, el Champenoise, escribiendo, con ello, las primeras páginas del gran libro de monsieur Champagne.

El abad Pérignon, dedicó su vida a la religión y con 30 años fue trasladado a la abadía de Hautvilliers, cerca de la ciudad de Épernay. Allí murió rodeado de viñedos a los que les sacó el máximo partido.

Para situarnos en la historia, la mayor producción de champagne francés hoy en día se concentra en los alrededores de Épernay y Reims, siendo considerado el pueblo de Hautvilliers la cuna del Champagne.

Tal fue la labor de Pierre Pérignon, que el convento de Hautvilliers decidió reservar una única sección en la abadía donde él y toda su familia fueron enterrados.

Monje benedictino al que se le atribuye el método Champagne

Pierre Perignon, al que se le atribuye el método Champagne

La expansión, una cuestión de mujeres

No fue hasta el siglo XVIII, cuando las familias Moët y Heidsieck, otorgaron al champagne un reconocimiento internacional que dura hasta los tiempos actuales. Un siglo después, las familias Pommery, Perrier y Clicquot siguieron con la labor de sus compatriotas. Se da el caso, que en estas tres últimas familias, fueron sus mujeres quienes continuaron con la producción de champagne tras la muerte de sus maridos.

Tanto es así, que a la señora Clicquot se le acuñó el término de Grande Dame de Champagne.

Damas del Champagne

El glamour de una bebida y una marca

En 1921, una gran compañía de champagne francés dedicó una de sus mejores marcas al monje Pierre Pérignon. Hablamos de la reconocida mundialmente Moët&Chandon y su reputada marca Dom Pérignon.

Sin adentrarnos mucho en la historia, una de las peculiaridades que encierran las botellas de Dom Pérignon, es que su producción sólo se efectúa en los mejores años de la vendimia y todas sus uvas son cosechadas en el mismo año.

El champagne, ha sido considerado durante años bebida de ricos, destinado únicamente a eventos glamurosos pero en pleno siglo XXI, ya es posible descorchar una botella de esta delicia en una comida o evento más normal. De hecho, sus distintas variedades nos permiten elegir una u otra botella, o una u otra marca, dependiendo del menú que tengamos en la mesa.

El maridaje con champagne

  • Para el aperitivo, un Brut non-millésimé o un Rosé, maridan tan bien como lo haría un buen vino joven. Un Cordon Rouge Brut o un Taittinger Brut, serán otras dos buenas elecciones. También, los Extra Brut, los Blanc de Blanc o los Blancs de Noir son perfectos para los aperitivos.
  • Para el último plato de la mesa, los postres, los semisecos son, en su mayoría, la mejor elección que se puede hacer. De hecho, es tan importante tener tan claro el champagne para el postre, que para cada una de las infinitas variedades de platos dulces que existen, se elegirá una u otra botella. Nos referimos a que si eres partidario de las frutas tropicales, entonces, los champagnes de Chardonnay son los que mejor casan. Pero si prefieres cremas, flanes y pastelería, nada como un Semiseco.
  • Para los adictos al chocolate, aconsejamos que busquen otro acompañante diferente al champagne o el cava, ya que el amargor del chocolate no combina nada con la acidez de estas bebidas.

El ritual del champagne

La historia ha acompañado tanto a monsieur Champagne, que ha llenado su vida de augurios y suertes. Tanto es así, que una copa de champagne es, por unanimidad, la bebida elegida para los brindis. De hecho, sus burbujas se consideran el destello de la buena suerte y de ahí la tradición de pedir un deseo durante el primer sorbo.

Como buen oro líquido con tradición e historia, su legado está lleno de reglas más o menos glamurosas que despiertan un gran interés entre la sociedad. Es de buen gusto saber, que el mejor champagne debe servirse siempre al final y que, si de sabios va la reunión, será mejor descorchar grandes champagnes parecidos todos en sabor. Para los menos sabedores, la regla se emplea al contrario. Mientras mayor es la diferencia entre las botellas, más lo agradecerán.

Y acabamos con una frase de Jancis Robinson, afamada crítica de vinos, "El champagne es el lujo de los amantes del vino".

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